Panorama económico

Visión 2021: Un sinuoso camino a la recuperación

Resumen Ejecutivo

El 2020 será un año recordado por la pandemia del Covid-19 y su severo impacto en la salud de la población mundial, como también por sus efectos en el ámbito social y económico. El virus, cuya infección en humanos se detectó en diciembre de 2019 en China, se expandió aceleradamente a través de los distintos continentes a fines del primer trimestre del año pasado. Si bien su letalidad ha sido acotada, su fácil y rápida transmisión ha hecho que una cantidad significativa de personas se contagie -en torno a 96 millones a nivel global- de las cuales más de dos millones han fallecido.

Las medidas de confinamiento para frenar su ritmo de avance -y con ello evitar los colapsos de los sistemas de salud- y el propio temor al contagio de las personas, llevaron a una inédita contracción de la actividad global en el segundo cuarto de 2020 y a un severo aumento del desempleo. Durante el tercer cuarto del año, a medida que los contagios descendían en varias regiones del planeta, la actividad comenzó a recuperarse, impulsada por las manufacturas. Los servicios se mantuvieron lastrados, lo que incidió en una lenta recuperación de los mercados laborales.

El año cerró con noticias de dulce y agraz. Por un lado, diversas vacunas demostraron su efectividad y se iniciaron paulatinamente procesos de inoculación masivos. Por otro, la segunda ola de contagios en los países avanzados demostró ser aún más severa que la primera, lo que provocó una nueva disminución de la actividad, sobre todo en Europa. Con ello, estimamos que la economía global cerró con una contracción de 4,5%, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial.

Los gobiernos y los bancos centrales del mundo reaccionaron con significativas medidas de estímulo, tanto para ayudar a los sectores más vulnerables, como para contener posibles efectos de segunda vuelta en la actividad y empleo. Las fuertes inyecciones de liquidez hicieron retroceder los tipos de interés a todos los plazos, llevando las tasas largas a sus mínimos históricos, y dieron un impulso a los activos más riesgosos. Así, los mercados bursátiles se recuperaron con fuerza desde mediados de año, favorecidos también, en los últimos meses, por las noticias sobre las vacunas.

Otros conflictos que habían marcado la agenda, previo a la pandemia, quedaron relegados a un segundo plano. La guerra comercial entre China y EE.UU. no mostró grandes cambios y se espera que la nueva administración norteamericana tenga un enfoque menos confrontacional en su relación con el gigante asiático. Con todo, los focos de conflicto entre las dos superpotencias seguirán latentes. En Europa, se logró cerrar un acuerdo por el Brexit y el Reino Unido ha dejado de pertenecer a la Unión Europea. Hasta ahora, el nuevo régimen de relaciones no ha generado mayores disrupciones.

En Chile, la pandemia tuvo un impacto muy severo en la actividad desde mediados de marzo, incluso antes de que se adoptaran las medidas de confinamiento más severas. El propio temor de la población al contagio hizo que se produjera un fuerte distanciamiento físico que incidió con particular virulencia en los sectores de servicios y el mercado laboral. El Imacec de abril tuvo su mayor contracción mensual desde que existen registros y durante el segundo trimestre se perdieron cerca de dos millones de puestos de trabajo. Con todo, los sectores exportadores, y en particular la minería, se mostraron resilientes y mantuvieron un desempeño relativamente estable a pesar de la contracción global de la demanda.

El Banco Central respondió de manera rápida, recortando la Tasa de Política Monetaria hasta su mínimo técnico de 0,5% a fines de marzo. Luego, implementó un conjunto de medidas de carácter cuantitativo. El Gobierno, por su parte, postergó una serie de impuestos con el objeto de apoyar la liquidez de hogares y empresas, e implementó un programa de ingresos de emergencia para las familias más necesitadas. También lanzó un esquema de protección al empleo y una línea de garantías estatales para favorecer que el crédito siguiese fluyendo. El conjunto de medidas, sumado a la pérdida de ingresos por la situación macroeconómica, hicieron que el déficit público cerrara el año en torno a 7,5% del PIB, que si bien es cerca del doble de lo que se proyectaba en enero, resultó menor que el de otros países. Con ello, la deuda pública escaló hasta más de 32% del producto.

En la segunda parte del año, conforme el número de contagios fue decreciendo, la movilidad se fue recobrando gradualmente y las medidas de estímulo comenzaron a sentirse con mayor nitidez. Todo ello permitió recuperar de manera parcial la actividad y el empleo. La primera reforma constitucional que autorizó el retiro de fondos de pensiones hizo que los hogares recibieran una fuerte inyección de liquidez entre agosto y septiembre, dando un significativo impulso al consumo. Al finalizar el año se autorizó un segundo retiro, que le habría dado un sustento adicional, pero cuyo efecto se difumará rápidamente. Por su parte, el país se vio favorecido por una sustancial alza en los términos de intercambio, gracias a un elevado precio del cobre. Con todo, el año cerró con una contracción en torno a 6%, la mayor caída en la actividad desde la crisis financiera de comienzos de los años 80.

Este año la recuperación económica dependerá fundamentalmente de la evolución de la pandemia. A nivel global, el recrudecimiento de casos en el hemisferio norte y nuevas medidas de confinamiento masivo apuntan a un lento inicio. Por otra parte, el despliegue de la vacuna, sumado a las medidas de estímulo, ha dado esperanzas de que hacia fines del primer semestre se pueda iniciar el retorno a una situación de mayor normalidad. Con ello, el mundo se expandirá en torno a 4,9% liderado por China, India y, en menor medida, por Europa que se beneficiará de bajas bases de comparación.

A nivel local, durante las últimas semanas los contagios han aumentado y el proceso de desconfinamiento se ha detenido e incluso retrocedido en algunas comunas. Esta situación podría agravarse, lo que posiblemente significaría nuevas mermas de la actividad en el corto plazo. Por otro lado, si bien el proceso de vacunación ha comenzado a desplegarse, los numerosos desafíos logísticos hacen difícil prever que la inmunidad de manada se logre en la primera parte de 2021. Mientras ello no suceda, la economía seguirá lastrada por lo que, a pesar de una baja base de comparación, el crecimiento será de solo 4,5%. De esta manera, recién hacia mediados de 2022 se recuperará el nivel de actividad previo a la pandemia.

Hacia delante, la economía deberá sortear dos grandes desafíos. Por un lado, está la situación del mercado laboral, donde una baja capacidad de creación de puestos de trabajo haría que el desempleo se mantenga elevado por un tiempo prolongado y el empleo se precarice. Esto podría ser germen de nuevos conflictos sociales y dar pie a agendas políticas cortoplacistas. Por otro, está el desenvolvimiento de los nudos políticos internos y, en particular, de la redacción de la nueva constitución. Este proceso mantendrá niveles de incerteza elevados hasta mediados de 2022, que es cuando debiese votarse la ratificación del nuevo texto constitucional, lo cual podría incidir en la recuperación de la inversión. Sin embargo, una serie de hitos irán resolviendo parte de las incertidumbres. Por otra parte, el establecimiento de nuevas reglas de convivencia acordadas de manera amplia puede dar mayor estabilidad, lo que sería favorable para la inversión y el crecimiento a largo plazo. La Convención Constituyente, encargada de la redacción del texto, será muy diversa y no se vislumbra que una fuerza hegemónica pueda lograr su control. Por lo mismo, hay que prepararse para un proceso áspero donde podrían producirse polarizaciones y desencuentros. Es de esperar que el resultado final permita un espacio de reencuentro que sustente las bases para el desarrollo.